La guía más fiable de las ceremonias de besapiés y besamanos que se celebran en nuestra ciudad: así definía la portada esta sección, una de las más consultadas del noticiario cada Cuaresma.
Qué son estos cultos
El besapiés y el besamanos son actos de veneración directa: durante una jornada —a veces un fin de semana completo—, una imagen baja de su altar o de su camarín y se ofrece a la devoción cercana de los fieles, que desfilan ante ella para besar el pie de un crucificado o la mano de una dolorosa. Son cultos de una intimidad que la procesión, multitudinaria por naturaleza, no permite: aquí cada persona tiene su instante a solas con la imagen, sin música, sin bullas, casi sin testigos. La práctica entronca con la larga tradición de veneración de imágenes de la Iglesia católica, cuya doctrina puede consultarse en las fuentes de la Santa Sede.
El calendario cuaresmal jerezano
En Jerez, los besapiés y besamanos dibujan el verdadero calendario interior de la Cuaresma. La secuencia recuperada de 2003, que esta casa publicó mes a mes, da idea de su densidad: de enero a abril, decenas de imágenes recibieron culto en parroquias, conventos, capillas y ermitas de toda la ciudad —de las collaciones históricas del centro a los barrios más nuevos—. Hubo fines de semana de Cuaresma con seis y siete celebraciones simultáneas, y fechas señaladas, como los primeros viernes de marzo, en que el cofrade tenía que elegir dónde estar porque era materialmente imposible estar en todas.
Cómo se celebra
La liturgia del besapiés tiene sus costumbres no escritas. La imagen se dispone sobre alfombras y candelería, exornada con flores —claveles, azucenas, iris morados— y flanqueada a menudo por hermanos de turno. Los fieles guardan fila en silencio, avanzan de uno en uno y, tras el beso o la reverencia, se retiran por el lado opuesto. Muchas hermandades aprovechan estas jornadas para los actos internos del año: juras de nuevos hermanos, imposiciones de medallas, ofrendas. En tiempos recientes algunas imágenes se presentan en devoto besamanos extraordinario con motivo de aniversarios o efemérides, prueba de que el formato sigue vivo y creciendo.
Una escuela de mirar
Para el aficionado al patrimonio, estos cultos son además una oportunidad única: permiten contemplar de cerca, a un palmo, tallas que el resto del año se ven a metros de distancia y en penumbra. El modelado de unas manos, la polícromia de un rostro, el bordado de una saya antigua: el besamanos es la lupa del arte sacro. Quien quiera educar la mirada en la imaginería andaluza tiene en estas jornadas de Cuaresma su mejor aula, y en los museos de la región —empezando por los fondos de escultura barroca andaluza— su biblioteca permanente.
El espíritu de la guía
Aquella guía se elaboraba con paciencia artesanal: llamada a llamada, cartel a cartel, sacristía a sacristía. Si una fecha cambiaba, se corregía; si surgía un culto extraordinario, se añadía. El resultado era una herramienta sencilla y fiable que muchos jerezanos consultaban cada semana de Cuaresma. Restaurarla como memoria es también una manera de recordar que la información cofrade útil se construye con rigor, constancia y amor al detalle.
Consejos para el visitante
Si nunca ha asistido a un besamanos, tres indicaciones bastan. Vaya en día laborable o a primera hora, cuando la fila es corta y la capilla respira; los domingos de Cuaresma al mediodía son los momentos de mayor afluencia. Vista con la discreción que pide un templo y siga el sentido de circulación que marquen los hermanos de turno. Y conceda a la visita el tiempo que merece: el besamanos no es un trámite sino una contemplación, y las mejores —las que se recuerdan— son las que se hacen sin reloj.