La casa

Créditos

Tornería fue siempre obra de pocas manos y muchas horas: un equipo reducido de cofrades jerezanos que hizo de su afición un periódico. Estos son los oficios que lo levantaron.

El equipo

La estructura de la casa fue la de una redacción en miniatura: una dirección que marcaba el rumbo y daba la cara; una redacción jefe que sostenía el pulso informativo diario —las noticias, las encuestas, los especiales—; un equipo de redactores y colaboradores que cubría cultos, presentaciones y ensayos; un área de multimedia que digitalizaba sonidos, fotografías y vídeos cuando hacerlo era casi artesanía; y la dirección técnica y el diseño web, que mantuvieron el sitio en pie a través de tres versiones sucesivas, de las tablas oscuras de 2002 al interfaz verde de 2004.

Tres versiones, una idea

La primera Tornería (2002) nació sobre fondo azul noche, con su contador de visitas y su consultorio radiofónico de los domingos. La segunda afinó las secciones que el lector veterano recuerda: el Noticiero Morado, los Carteles, los Besapiés. La tercera —la «Versión 3» de 2004— ordenó la casa con menú lateral, encuesta semanal y cuenta atrás para el Domingo de Ramos. Cambió la piel tres veces; la idea, nunca: contar la Semana Santa de Jerez con rigor y con cariño, desde dentro.

La letra pequeña que nos honraba

En la portada original lucía una advertencia que hoy restauramos como blasón: si alguna fotografía o texto afectaba derechos de terceros, bastaba comunicarlo para retirarlo de inmediato. Aquella nota, escrita cuando internet era todavía un territorio sin costumbre, retrata la honradez del proyecto: se podía ser aficionado sin ser pirata, y se podía competir en rapidez sin robar el trabajo ajeno.

En la red desde 2002

Tornería entró en línea el 17 de febrero de 2002 —festividad de los santos Teódulo y Julián, mártires, como gustaba recordar la portada— y se mantuvo activa durante el primer lustro de los dos mil. Esta restauración recupera sus secciones como lectura de fondo y como homenaje: a los que la hicieron, a los que la leyeron y a la ciudad que la hizo necesaria. Si quiere saber más sobre el espíritu de la casa, el Editorial lo cuenta; si quiere escribirnos, la página de contacto sigue abierta.

Y los lectores

Falta un crédito, el más numeroso: los lectores. Los que votaban cada semana en la encuesta, los que escribían corrigiendo una hora de paso, los que mandaban una fotografía escaneada o el dato de un culto extraordinario. Un noticiario de afición vive de su gente, y esta casa tuvo la mejor: exigente con los errores, generosa con el trabajo. Vaya por ellos esta restauración.