Tornería puso siempre al servicio del costalero un apartado con noticias y recomendaciones. Lo restauramos aquí ampliado: qué es cargar un paso, cómo se hace bien y cómo se cuida el cuerpo que lo hace.
El hombre que no se ve
Debajo de cada paso de misterio o de palio caminan entre veinticinco y cincuenta hombres a los que casi nadie verá jamás. En Jerez conviven históricamente las dos escuelas de la Baja Andalucía: la del costalero, que carga sobre la cerviz protegida por el costal, y la del cargador, heredera del estilo portuario de la bahía, que mete el hombro bajo las trabajaderas. Dos técnicas, una misma fe y un mismo resultado: que la imagen ande por las calles como si pisara sola.
El costal y la faja
El equipo del costalero es de una sencillez antigua. El costal —una pieza de tela fuerte con su almohadilla, la morcilla— protege la séptima vértebra cervical, el punto exacto donde descansa la trabajadera. La faja, de varios metros de tela enrollada bien prieta, sujeta la zona lumbar y obliga a una postura recta. Completan el ajuar las alpargatas de esparto o las zapatillas firmes, y en el estilo de cargadores, el almohadillado al hombro. Vestirse de costalero es un rito en sí mismo: la igualá, el costal bien armado y el nudo de la faja tienen su liturgia y su maestría.
La cuadrilla y el capataz
Nadie carga solo. La cuadrilla es un cuerpo único con docenas de piernas que obedece a una sola voz: la del capataz. Suya es la responsabilidad de llamar a los hombres —«¡al cielo con ella!»—, de marcar la levantá a golpe de llamador, de medir las revírias en las esquinas imposibles del casco antiguo y de racionar las fuerzas en relevos. Los ensayos de cuadrilla, en las noches de invierno, son una de las estampas más auténticas del año cofrade jerezano: pasos de prueba cargados de sacos, calles a oscuras y el eco del llamador rebotando en los muros.
Técnica: andar con el paso
Cargar bien no es cuestión de fuerza bruta sino de técnica y compenetración. El secreto está en tres gestos: la igualá (que cada hombre trabaje a su altura exacta, ni más ni menos), el compás (la zancada corta y uniforme que hace que el paso ande con esa respiración inconfundible) y la escucha (el oído puesto en el llamador y en la voz del capataz, porque debajo no se ve nada). Las marchas lentas exigen aún más: mecer un palio al son de la música multiplica el esfuerzo y solo sale de cuadrillas muy conjuntadas.
Recomendaciones de salud
La sección original de Tornería difundía recomendaciones sanitarias para costaleros y cargadores. Su esencia sigue plenamente vigente:
- Preparación previa: no se puede pasar del sofá a la trabajadera. Conviene llegar a los ensayos con una base de ejercicio aeróbico y fortalecimiento de espalda y piernas.
- Calentamiento y estiramientos antes de cada ensayo y de la estación de penitencia, con especial atención a cuello, hombros y zona lumbar.
- Hidratación constante y comidas ligeras en la jornada de salida; el esfuerzo bajo un paso en una tarde templada de primavera es comparable al de un deporte de resistencia.
- Postura y carga simétrica: la igualá bien hecha no es solo estética, es prevención. Una altura mal medida sobrecarga cervicales y lumbares.
- Respetar los relevos y el descanso posterior. El dolor agudo no se aguanta por pundonor: se comunica al capataz.
Para profundizar en el cuidado de la espalda y la prevención de lesiones de carga, es recomendable la información divulgativa en español de MedlinePlus, el servicio de la Biblioteca Nacional de Medicina de los Estados Unidos. Y, ante cualquier molestia persistente, la consulta médica o fisioterapéutica es obligada: ninguna estación de penitencia vale una lesión crónica.