Conozca las opiniones de otros cofrades y aporte la suya, invitaba este noticiario. Porque la Semana Santa de Jerez no se acaba cuando se recoge el último paso: continúa, los doce meses del año, en la tertulia.
El parlamento de la cera
La tertulia —esa institución tan española que el diccionario define como reunión habitual de personas para conversar— tiene en el mundo cofrade su versión más apasionada. En la mesa del fondo de un café del centro, en la casa de hermandad después de un cabildo, en la barra de una taberna de barrio: dondequiera que se junten tres cofrades jerezanos hay tertulia, y en ella se legisla, se enjuicia y se profetiza todo lo que atañe a la semana grande.
El temario infinito
¿De qué se habla en una tertulia cofrade? La lista no se agota nunca, pero hay clásicos eternos:
- Las cuadrillas: si tal paso anduvo mejor este año que el pasado, si la igualá estaba fina, si la levantá del Jueves fue para la historia.
- La música: el estreno que unos consideran obra maestra y otros, ruido; la formación que cambió de hermandad y dejó huérfana una esquina.
- Los itinerarios y horarios: la eterna ciencia de si conviene más la calle ancha o la revirá difícil, y quién debió pasar antes que quién.
- Los estrenos: bordados, orfebrería, restauraciones; cada pieza nueva se examina con lupa de notario.
- La memoria: aquel año de la lluvia, aquella madrugada irrepetible, aquel capataz que mandaba con dos golpes secos.
Las reglas no escritas
La tertulia cofrade tiene su urbanidad propia. Se puede discrepar de todo —se debe, casi—, pero hay líneas que el tertuliano veterano no cruza: no se falta a las devociones ajenas, no se confunde la crítica con el agravio y las discusiones, por encendidas que lleguen, se enfrían con el último café. El recién llegado aprende pronto que en la tertulia se ingresa callando y escuchando: la antigüedad es un grado, y la memoria —saberse de carrerilla itinerarios de hace treinta años— es el patrimonio que de verdad se cotiza.
De la mesa del café a la pantalla
Cuando este noticiario nació, en 2002, la tertulia estaba mudándose también a internet: foros, libros de visitas y páginas como esta ampliaron la mesa del café a toda la ciudad y a los jerezanos de la diáspora, que por primera vez podían discutir de su Semana Santa desde cualquier parte del mundo. Aquella mudanza no mató la tertulia presencial —nada puede—, pero la multiplicó: hoy ambas conviven y se alimentan. Semana Santa Virtual cuenta esa otra mitad de la historia.
Por qué importa
Podrá parecer charla de bar, y lo es: charla de bar elevada a género cultural. La tertulia es el archivo oral de la Semana Santa, el lugar donde se conserva lo que ningún documento recoge —cómo sonaba, cómo olía, qué se sintió— y donde cada generación entrega a la siguiente el criterio. Las hermandades guardan sus reglas en los archivos; la afición guarda las suyas en la conversación. Mientras haya tertulia, habrá memoria.
La tertulia formal
Junto a la espontánea existe la tertulia organizada: peñas y círculos cofrades con sede, calendario y hasta ciclo de conferencias, que invitan a capataces, compositores, imagineros y pregoneros a sentarse a la mesa y someterse a las preguntas de la afición. Estos foros, a medio camino entre el ateneo y el café, han producido algunas de las conversaciones más memorables de la cultura cofrade local, y cumplen una función que ningún medio puede suplir: poner cara a cara, sin micrófonos de por medio, a quienes hacen la Semana Santa y a quienes la viven.