La Semana Santa entra por los ojos, pero se queda en la memoria por los oídos. Esta sección restaura el espacio que Tornería dedicaba a la música procesional: los estilos, las marchas y el arte difícil de ponerle banda sonora a la fe.
Cuatro maneras de sonar
Tras los pasos andaluces caminan, según el carácter de cada cofradía, cuatro formaciones distintas:
- La capilla musical: tríos o cuartetos de viento madera —oboe, clarinete, fagot— que acompañan a los cortejos más austeros con piezas de cámara, casi en susurro.
- La banda de cornetas y tambores: el sonido del bronce y el parche, enérgico y cortante, tradicionalmente unido a los pasos de Cristo.
- La agrupación musical: el formato intermedio —cornetas, trompetas, trombones, maderas y percusión— que ha dado a la música cofrade algunas de sus páginas más populares.
- La banda de música: la formación sinfónica completa que arropa a los palios con el repertorio clásico de marchas.
Y queda la quinta música, la más difícil: el silencio. Los cortejos que procesionan sin acompañamiento convierten el rumor de las pisadas, el crujir de la madera y el golpe del llamador en una partitura propia que sobrecoge más que cualquier fortissimo.
Breve historia de la marcha
La marcha procesional como género culto cristaliza a finales del siglo XIX, cuando los maestros de las bandas militares y municipales andaluzas empiezan a componer páginas específicas para el paso de las cofradías. Del tronco fúnebre original brotaron pronto las dos grandes ramas: la marcha solemne de corte clásico y la marcha mecedora, pensada para que el palio ande y se cimbree. El siglo XX llenó los atriles de títulos que cualquier aficionado tararea, y el repertorio sigue creciendo cada año con estrenos que se esperan como acontecimientos. El patrimonio musical andaluz de este género está documentado por las instituciones culturales de la Junta de Andalucía, cuyo centro de documentación musical custodia partituras y grabaciones históricas.
El oído jerezano
Jerez tiene fama justa de ciudad con oído. Aquí la música procesional convive con la otra gran banda sonora local —el flamenco— y el cruce se nota: en la manera de frasear de algunos músicos, en la afición a la saeta que detiene un paso en mitad de una calle, en el gusto del público por el compás bien llevado. Nuestras bandas, la sección hermana de esta, seguía al detalle la actualidad de las formaciones de la ciudad: sus contratos de cada primavera, sus conciertos de Cuaresma, sus estrenos.
Música y paso: un diálogo
La marcha no suena junto al paso: suena para el paso. El capataz elige los momentos —una levantá a pulso con el primer acorde, una chicotá larga que se vacía con la melodía—, y la cuadrilla traduce la música en movimiento. Cuando el ajuste es perfecto, el espectador no sabe si el paso baila la marcha o la marcha suena a paso. Ese diálogo, irrepetible en cada esquina, es la razón de que un mismo palio con una misma marcha no suene igual dos veces: la calle, la bulla y la noche también tocan.
Escuchar mejor
Tres consejos de aficionado veterano: busque las calles estrechas, donde el sonido se concentra y rebota; espere los momentos de silencio entre marcha y marcha, que son donde se mide una cuadrilla; y no desdeñe los conciertos de Cuaresma —en teatros, iglesias y casas de hermandad—, donde las marchas pueden escucharse sentado, con la atención entera y sin que la emoción de la calle desordene el juicio. La música cofrade es un patrimonio que se disfruta más cuanto más se conoce.